Desde pequeña oí quejarse a los mayores del trabajo: que si es cansado, que si aburrido, que si el jefe es un capullo, que si ahora me quieren echar, que si no me pagan lo que me tiene que pagar. Y no lo decían sin razón, no. Así crecí yo y la mayoría de los que crecimos en familias humildes. Creo que nunca me planteé mucho cómo sería mi vida laboral ya que el trabajo nunca fue una de mis mayores inquietudes. Sí que lo era la universidad, el vivir fuera, el viajar, pero el trabajo que obtendría después de la universidad, no, por supuesto que no era algo que me preocupara cuando era pequeña...ni adolescente...ni en los inicios universitarios. Pero claro, este momento llegó y calló como de la nada. Pero me gustó; es más, me encantó y decidí dedicarme a ello. Ese trabajo me permitía conocer gente, viajar, enseñar, aprender, tener un sueldo correcto. Así que al año siguiente repetí y para colmo en una isla paradisíaca del Caribe, trabajando 12 horas semanales, ¿Se le podía pedir algo más a la vida? ¿Tenían razón aquellos adultos que tanto se quejaban en mi infancia? Claro que la tenían; no todo el mundo tenía la misma suerte que yo, a algunos les tocaba enlomarse y soportar situaciones desagradables día tras día para ganar un sueldo mileurista y con un jefe capullo. Pero mi cuento de hadas no terminó con fueron felices y comieron perdices. Quizás termine así, pero en fin, soy joven para cerrarlo y guardarlo en la estantería.El caso es que volví a España, ese lugar con el que a algunos se les llena la boca al pronunciarlo y aquí estoy desde hace cinco meses y medio. Nunca fui patriota pero ahora menos. En realidad cuando vivo fuera sí que lo soy un poco, es normal, las raíces tiran, pero en cuanto vuelvo y estoy una temporada me entran las ganas de volver a sentir esta nostalgia desde lejos. Conclusión, que encontré un curro de mierda, aburrido, monótono, en el que no aprendo ni enseño nada y que aquí sigo, sentada ante un ordenador, sin ver el sol ni la luna y sin sentir más frío o calor del que el ordenador o el aire acondicionado desprenden. Mi madre me dice que no debería de quejarme, que hay gente mucho peor y ¡Claro que la hay! Pero seguro que ellos también se quejan...¡Exijo mi derecho al quejo! Pero ante el quejo está la acción y por eso tarde tras tarde envío CVs al otro lado del mundo, de la ciudad, del país...Ahora sólo queda esperar, la suerte está echada y esperemos que si no me toca un trabajo en Bali, por lo menos que me toque el Gordo, pues ¿No dicen que la suerte es para todos? Eso espero, mucha suerte para todos aquellos que sueñan.
Holas, me gusto tu entrada, y el nombre con la imagenj de mafalda!Decime, ¿Quien no reclama su derecho a la queja? jaj
ResponderEliminarChispita
paso dejando su huelllita!