miércoles, 9 de diciembre de 2009

La locura de Evo Morales

Escrito de Juan Carlos Escudier, Público 9 de diciembre de 2009

Lo de Evo Morales, ese indio del jersey a rayas, es inexplicable. No entra en cabeza humana que alguien capaz de pasarse por el poncho la seguridad jurídica de multinacionales tan respetables como Repsol y nacionalizar los hidrocarburos, que un populista amigo de Chávez y de Castro, que un tipo extravagante y de pocas luces, trastornado por la Pachamama y por esas absurdas leyendas aymaras y quechuas con las que se llenó la cabeza cuando era ladrillero, panadero, trompetero y cocalero haya sido capaz de volver a ganar las elecciones en Bolivia de manera arrolladora. Está visto que cada país tiene los gobernantes que se merece.

Con Morales, Bolivia está condenada a truncar ese horizonte luminoso en el que la esperanza de vida no pasaba de los 65 años -la segunda más baja de América Latina tras Haití-, en el que 70 de cada 1.000 recién nacidos moría antes de los cinco años, y el 41% de los que sobrevivían no iban a clase, y el 18% de los que iban ni siquiera terminaba los estudios primarios. Antes de este personaje, al que con razón detesta el PP, el futuro del país andino estaba perfectamente diseñado de acuerdo a los principios de la ortodoxia liberal. Tenía un 63% de pobres, un 48% de la población subsistía con dos dólares al día o con menos y un 20% padecía desnutrición, de acuerdo. Pero el país sabía que en 178 años, según cálculos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, saldría de la miseria. ¿Para qué querrían los habitantes del mayor productor de gas natural del mundo calentarse con otra cosa que no fueran las bostas de llama, tan abundantes en el altiplano, o soportar los inconvenientes de las redes de alcantarillado?

El tal Evo ha venido a trastocarlo todo. Y además, por casualidad, le suena la flauta. Resulta que con las locuras de este indígena el PIB de Bolivia crecerá en 2009 un 3,2%, el índice más alto de toda América Latina, y eso después de subsidiar a las madres para que no se mueran sus hijos, y a éstos para que no dejen los estudios, y a los ancianos para que puedan seguir siéndolo.

En Bolivia, al parecer, se invierte poco, pero desde que se nacionalizó el gas y el petróleo los ingresos por exportaciones se han multiplicado por diez. Morales lleva al país hacia un abismo en el que, quizás, sus habitantes puedan plantearse hacer tres comidas diarias. Entonces, todo estará perdido.

martes, 8 de diciembre de 2009

"Siempre soñé, mira tú por dónde, morir de pie un día en que el sol brillase".

"Vivir a muerte" (Barril & Barral, 2009), reúne más de quinientas cartas que los condenados a muerte en la Francia ocupada mandaban a sus seres queridos. Después de leer algunas de éstas recordé un pasaje de El idiota en el que el príncipe Mishkin reflexionaba sobre la pena capital.

...El asesinato a consecuencia de una sentencia es infinitamente peor que el asesinato cometido por un bandido. Un hombre que es asesinado por unos bandidos de noche, en un bosque, o algo por el estilo, tiene hasta el último momento la esperanza de salvarse. Ha habido casos en que a un hombre a quien le han cortado el cuello tiene esperanzas todavía, o sale corriendo, o pide que se apiaden de él. Pero en este otro caso, por el contrario, esa última esperanza, que permite que la muerte sea diez veces menos penosa, es eliminada con toda certeza: la sentencia está ahí, y la horrible tortura está en que sabes con certeza que no te escaparás, y no hay en este mundo tortura más grande que esa. Lleve a un soldado a una batalla, póngale delante de un cañón y dispare, él seguirá teniendo esperanza; pero si a ese mismo soldado se le lee una sentencia de muerte cierta, se volverá loco o romperá a llorar. ¿Quién dice que la naturaleza humana puede soportar esto sin perder la razón? ¿A qué viene tamaña afrenta, cruel, obscena, innecesaria e inútil?...

Fiódor Dostoyevski (1821-1881). Primera parte, capítulo II

lunes, 7 de diciembre de 2009

Hijos del ayer

Cuentan que fue el pastor Diego Huallpa, al despertar de su descanso, el que descubrió los hilos de plata que hicieron de Potosí una de la más prósperas ciudades de los siglos XVI y XVII. Verdad o no, lo cierto es que a raíz del descubrimiento del Cerro Rico la ciudad creció hasta convertirse en un icono mundial de riqueza.

Manantial de riqueza y de excesos, del que España bebió hasta que las entrañas del Cerro quedaron tan huecas como el estómago de aquellos indios esclavos. Indígenas que durante dieciséis horas al día extraían el metal y que murieron en número de quince mil, observando desde la lejanía como los hijos de la metrópoli apostaban en los casinos esa plata manchada de sudor y sangre. Sangre no cristiana que desconocía el significado de esos templos construidos por decenas en honor a un dios tan cruel e injusto. Sangre impura, al fin y al cabo.

Ayer, mientras en Santa Cruz -región más rica de Bolivia, residencia de los criollos y de la élite económica del país- vencía el derechista Manfred Reyes, más del 60% del electorado boliviano renovó su apoyo al líder del Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales –primer presidente indio en América Latina en casi 150 años -. La nacionalización de los recursos naturales, sus políticas sociales, su apuesta, en definitiva, por los más desfavorecidos unido al mayor crecimiento del PIB en treinta años no convencieron en las regiones orientales, “Potosíes” de la actual Bolivia. Sin embargo, sí lo hizo en el resto del país, donde los hijos de la mita continúan soñando con un futuro menos oscuro. Hoy, quizá, con más razón que nunca.

martes, 1 de diciembre de 2009

La condena

Texto firmado por el periodista Ignacio Escolar, extraído de www.escolar.net

Como Diego P. V. no milita ni en el PSOE ni en el PP, su fotografía esposado a la salida del juzgado no provocará airados debates en el Parlamento sobre la presunción de inocencia. Les recuerdo el caso para los que se quedaron con la noticia de portada y se han perdido los breves posteriores; para los que no saben siquiera quién es este anónimo Diego del que la pudorosa Policía no dio los apellidos, pero sí permitió que posase con cara de culpable frente a las cámaras. “Detenido por maltratar hasta la muerte a la hija de su novia”, titulaba Público. “La mirada del asesino”, lo mejoraba ABC en su portada. “Muere la niña quemada y violada”, decía la prensa de Tenerife. Y seguro que ya les suena más el caso, como para olvidar ese cuento de terror: el de un padrastro, Diego P. V., que violaba, quemaba y golpeaba hasta la muerte a la hija de su novia, Aitana, una niña de sólo tres años.

La verdad que el sábado reveló la autopsia de Aitana no se parecía en nada al cuento. La verdad es mucho más aterradora. Es la historia de un joven de 25 años, Diego, que cuidaba de una niña a la que probablemente quería como si fuese suya; una niña que se cayó del columpio y a la que Diego llevó a urgencias para escuchar que “los niños son de goma” y volverse a casa con un analgésico; una niña que a los pocos días empeoró y que Diego volvió a llevar a urgencias, donde otro médico se volvió a equivocar al diagnosticar malos tratos, violación y quemaduras; una niña que murió horas después mientras la opinión pública apedreaba al padrastro, que supo de la noticia cuando estaba entre rejas.

Aunque Diego sale de la cárcel porque la autopsia demuestra que es inocente, el cuento termina mal. Aitana sigue muerta. Al igual que la condena que ha pagado Diego, eso es algo que ya no tiene remedio.