lunes, 7 de diciembre de 2009

Hijos del ayer

Cuentan que fue el pastor Diego Huallpa, al despertar de su descanso, el que descubrió los hilos de plata que hicieron de Potosí una de la más prósperas ciudades de los siglos XVI y XVII. Verdad o no, lo cierto es que a raíz del descubrimiento del Cerro Rico la ciudad creció hasta convertirse en un icono mundial de riqueza.

Manantial de riqueza y de excesos, del que España bebió hasta que las entrañas del Cerro quedaron tan huecas como el estómago de aquellos indios esclavos. Indígenas que durante dieciséis horas al día extraían el metal y que murieron en número de quince mil, observando desde la lejanía como los hijos de la metrópoli apostaban en los casinos esa plata manchada de sudor y sangre. Sangre no cristiana que desconocía el significado de esos templos construidos por decenas en honor a un dios tan cruel e injusto. Sangre impura, al fin y al cabo.

Ayer, mientras en Santa Cruz -región más rica de Bolivia, residencia de los criollos y de la élite económica del país- vencía el derechista Manfred Reyes, más del 60% del electorado boliviano renovó su apoyo al líder del Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales –primer presidente indio en América Latina en casi 150 años -. La nacionalización de los recursos naturales, sus políticas sociales, su apuesta, en definitiva, por los más desfavorecidos unido al mayor crecimiento del PIB en treinta años no convencieron en las regiones orientales, “Potosíes” de la actual Bolivia. Sin embargo, sí lo hizo en el resto del país, donde los hijos de la mita continúan soñando con un futuro menos oscuro. Hoy, quizá, con más razón que nunca.

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