Hace algunos meses, la radio, que me había dejado encendida durante la noche, me despertó al alba con la noticia de la muerte de Javier Ortiz. Por un momento dudé de mi capacidad de entender mensajes durante esa estrecha frontera que separa el mundo de los sueños del real. Pero para mi desgracia, y para la de los muchos que le leíamos (antes en El Mundo, últimamente en Público), confirmé, unos minutos después, la noticia del fallecimiento.
Javier Ortiz era un periodista diferente, hasta el punto de escribir él mismo su propia necrológica que aún hoy se puede leer en su página web. Fundador de un periódico, de corta vida, llamado Liberación, visitante ocasional de las cárceles franquistas, redactor de revistas marítimas, Javier pasó gran parte de su vida periodística en El Mundo, trabajando en casos como el esclarecimiento de los GAL y llegando a ser subdirector y redactor jefe. Años después, la "derechización" del periódico le arrinconó hasta sus "Apuntes del Natural", su columna en la página 2 del rotativo. El nuevo proyecto de Público, disfrutó de su escrito diario durante dos años hasta que Javier nos dejó.
La última columna que recuerdo haber leído antes de ser consciente de su muerte se titulaba "La nueva fantasmada" (Público, 26 de abril de 2009) en el que criticaba el viraje de la sociedad hacia la derecha y en la que citaba a Vázquez Montalbán, que se refería a este proceso de la siguiente manera: “Te acuestas siendo un triste socialdemócrata y, por la mañana, cuando te levantas, resulta que te has convertido en un peligroso izquierdista. Como el tiempo trascurrido te ha pillado en la cama y durmiendo, deduces que la metamorfosis no puede ser cosa tuya, sino de los demás”.
Y cuanta razón tenía (tenían).
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